jueves, 17 de mayo de 2012

MONTE DE LA SILLA

VISTAS DE LA COPA DESDE LA SILLA
VISTAS DE LA COPA DESDE LA SILLA
VISTAS DE LA COPA DESDE LA SILLA

MINAS DE GILICO

Gilico es uno de los entornos más pintorescos de Cehegín y cercano a la Copa de Bullas. Ya en el siglo XVII Martín de Ambel nombraba el término de Villares y Gilico, describiendo un paraje natural amplio de pastos y agro de secano. Hoy día Gilico es una zona de explotación minera y sendas de tierra, que conducen a algún caserío decimonónico abandonado, sendas habituales para muchos de los aficionados al senderismo y la bicicleta de montaña.

Vias de Gilico.
La naturaleza ha querido crear uno de los paisajes más singulares de Murcia, con gran lago en lo que fue la roza a cielo abierto de la mina de Gilico, fruto de la inundación de la misma por una avenida del Río Quípar.
La forma más rápida de acceder a las minas y paraje de Gilico es, desde Calasparra, tomar la MU-552 que une éste municipio y Mula para abandonarla luego a la altura de Baños de Gilico, tomando un camino en buen estado que aparece a la derecha. Este camino nos conduce hasta la Minas de Gilico y también, si no lo abandonamos, nos lleva a La Copa de Bullas, pero su estado empeora bastante desde las minas hasta las proximidades de La Copa de Bullas.

CABEZO DEL CAJO Y CABEZO REDONDO


RIACHUELO Y RÍO QUIPAR


HISTORIA

Restos de antiguas villas y necrópolis romanas (como la constatada en 1985 en el yacimiento conocido como Necrópolis de La Copa durante la realización de unos desmontes agrícolas en los que aparecieron numerosos restos óseos humanos) constituyen una parte del patrimonio arqueológico de esta pedanía. Este yacimiento está localizado al oeste de La Copa, en los márgenes izquierdo y derecho de la carretera que une la Casa de la Monja con la Casa de Don Pedro, y en los que, según varias fuentes orales, en los años 60, durante unos trabajos de laboreo agrícola, quedó al descubierto una de las sepulturas, cuyos restos fueron recuperados y expuestos durante varios años en la Casa de la Cultura de Bullas. Próximo a este paraje se encuentra el yacimiento de La Loma. El yacimiento se encuentra en el mismo cabezo donde se asienta el pueblo de La Copa de Bullas. No se han documentado restos de estructuras en superficie, y el escaso material arqueológico documentado únicamente aparece en la ladera este, la zona superior, con afloramiento de piedra, es posible que fuera utilizada como cantera. Éstos yacimientos junto con los de La Fuente de la Carrasca, Las Fontanicas o el Bancal del Tio Carrulo constituyen los vestigios más antiguos de una historia que va a correr paralela a la de Bullas, tanto en sus mismos orígenes como población, que podrían situarse a principios del siglo XVII, como desde 1690, cuando sus habitantes deciden incorporarse al término de la recién creada Villa tras la secesión de la de Cehegín, uniendo así ambas entidades sus destinos hasta el día de hoy. Se hablaba entonces y durante bastantes años después, de las dos Copas, la de Arriba (un pequeño caserío al pie del cerro de La Silla ) y la de Abajo, esto es, La Copa propiamente dicha

FUENTE DE LA HIGUERA

 UN ARTÍCULO DE ANA MARIA GIL VALERA HACE UN ESTUDIO DEL PALACETE DE DON FABIO LLAMADO LA FUENTE DE LA HIGUERA

Todos conocemos el Palacete de la Fuente de la Higuera o también Casa de Don Fabio, ya que su imponente figura en el campo de Bullas siempre ha estado presente a lo largo de nuestra vida. Siempre  nos hemos preguntado qué hace un palacio tan magnífico en ese estado de abandono, y ello, además, nos ha hecho imaginar numerosas leyendas y suposiciones acerca de él. Pero, ¿cuál es la verdadera historia? Yo me propongo en este artículo arrojar un poco de  luz sobre el misterio.
Empezaré hablando del original propietario del palacete, Don Fabio Carreño Marsilla. Nació en el 1901 y murió 77 años después. Se casó con Doña Irene Marín de Cuenca oriunda de Cehegín, y emparentada con Don Blas Rafael Marsilla, propietario de la conocida para nosotros Casa de Don Pepe. Fabio Carreño descendía por parte de madre, Doña Juana, de la misma familia que Francisco Melgares de Aguilar, quien compró la finca de la Fuente de la Higuera, por el año 1614, a Joaquín María Fernández de Córdoba, Conde de Sástago. Originalmente y en ese año existía ya un edificio solariego en el mismo sitio que el actual palacete.
Don Fabio era un erudito en lo respectivo al arte y ese antiguo edificio siempre le provocó especial atención, por lo que, cuando muere su padre en el 1920 y hereda la casa, se dedica a recorrer  España captando elementos arquitectónicos para reconstruir el edificio. Su hija Rosario nos ha contado que su padre sentía un especial cariño y tenía muchísimo capricho en esta casa. A su vuelta, Don Fabio le entregó todos los apuntes a un arquitecto amigo suyo, del cual se desconoce su nombre ya que el proyecto se empezó antes de la apertura del Colegio de Arquitectos de Murcia, y por lo tanto no está registrado. Sin duda consiguió lo que pretendía, y  en 1925 terminó la reconstrucción. Se esmeró en todos los detalles, desde cristales de Bohemia, porcelanas de Sajonia, maderas nobles y mármoles de Carrara, hasta la comodidad más avanzada de la época, instalando cuartos de aseo con retrete, calefacción central y un sistema de aislamiento térmico en las paredes. Eran también muy peculiares los formalismos exigidos al servicio tanto en formas como en vestimenta, propios del siglo XV. Don Fabio quería con esto recrear un pequeño paraíso para él, así que hizo instalar numerosas fuentes, lagos artificiales y jardines frondosos y muy verdes con cierto aire tropical, queriendo cautivar no solo la vista sino también el olfato y el oído. Trajo además numerosos animales para hacer más creíble ese oasis dentro de la aridez de nuestra tierra.
El palacio se enmarca en el estilo arquitectónico denominado ecléctico pero centrándose en el neonazarí, un estilo que predominó sobre todo en nuestra Región a finales del siglo XIX y que se encuentra en edificios como el Casino de Murcia. Se dice que Don Fabio intentó plasmar el estilo de ese edifico en el palacete.
El cuerpo de la escalera principal está decorado con azulejos de estilo nazarí y acompañado por una baranda que no hace sino aumentar ese vivo colorido con el que nos recibe el palacio y que tanto nos recuerda al de los Baños de Archena. Además del edificio principal, la casa tiene ampliaciones para las cuadras y las viviendas del servicio permanente.
Con esto nos damos cuenta de la importancia de Don Fabio, quien, como se suele decir, no era ningún pelagatos. Participó activamente en la sociedad y en la política de Bullas, siendo entusiasta y emprendedor pero muy religioso, lo que le otorgaba cierto aire conservador.
No sólo le inspiraba un interés artístico la construcción de la casa. Si calculamos bien, observamos que cuando Don Fabio adquirió el edificio tenía 19 años, y como a cualquier joven le gustaban sus noches de juerga. Una de ellas le llevó a tener la primera disputa con su entonces prometida Doña Irene, lo que les llevó al distanciamiento, propio de un matrimonio de conveniencia,  que se acrecentó después por las distintas ideas sobre los estudios de su hijo mayor. Contrariamente a lo que cree mucha gente, la casa no fue un regalo para su esposa por la boda sino, como hemos dicho antes, un sitio para disfrutar de su independencia juvenil. Después de la boda, la casa se convirtió en residencia de verano pero se utilizaba muy poco tiempo al año ya que, desde esa disputa, Doña Irene pasaba el tiempo en la mansión con desagrado e indiferencia. El servicio, sin embargo, se mantenía todo el año, dándole trabajo a la gente de Bullas y La Copa.
En el 1936 se desata la Guerra Civil española y con ella el odio a la clase aristocrática por su abuso de poder. La familia Carreño tiene que huir de Bullas junto con muchas otras familias adineradas, y la casa queda totalmente desprotegida sirviendo de morada al Frente Popular y a otros grupos políticos durante los años de la guerra y posguerra. Como pasaba frecuentemente en la época, la pobreza y el analfabetismo no apreciaron su valor, y la casa fue yendo a menos por el nulo cuidado que se le prestaba. Las fincas lindantes fueron ocupadas por numerosos vecinos de  Bullas y La Copa cuando la única forma de sobrevivir era alimentándose de los propios cultivos, estando el hambre asomando detrás de cualquier helada o tormenta inoportuna.
Cuando la familia llegó a Bullas entre finales de los 40 y principios de los 50, no tenía ni ganas ni dinero para arreglar una casa de verano. Sin embargo, Don Fabio participó con la Iglesia creando una beca para seminaristas con difícil situación económica. De esas becas fue beneficiario Don Miguel Guirado Béjar, sacerdote retirado al que le agradezco la información prestada y la amabilidad con la que me atendió.
El matrimonio tuvo siete hijos, que son por orden de nacimiento: Francisco, Amancio, Joaquín, Alfonso, Rosario, Juan y José. Todos viven y han estudiado, menos la única hija. Francisco y Amancio fueron agrónomos del Estado, siendo este último el encargado del proyecto y la construcción del Pantano de Azud en Ojós. Joaquín, Juan y José son abogados y Alfonso, farmacéutico ya retirado. Sin embargo fue Rosario quien heredó el palacete y las fincas de alrededor.
Lo último que sabemos es que su hija vendió la casa y las fincas que todavía conservaba a una multinacional sueca que alimentó la esperanza durante algunos años recientes de la restauración de la casa y la construcción de viviendas de lujo y un campo de golf. Pero desde hace unos años no se sabe nada y se desconoce a qué manos pertenece. A causa de esto, recientemente se ha vuelto a despertar la atención sobre ella y ha sufrido una destrucción mayor, siendo despojada de todo, hasta de la baranda de la entrada, y saqueadas las numerosas vidrieras de colores de las ventanas y las esculturas alegóricas.
Es una verdadera pena que la casa se encuentre en este lamentable estado y que nadie se preocupe por restaurarla, ya que otorgaría interés cultural a nuestro pueblo y, con él, cierto prestigio. Esperemos que el Ayuntamiento de Bullas aprecie el potencial del Palacete de la Fuente de la Higuera, conocido y abandonado por todos, y le dedique un poco de su atención.
Por último, quiero agradecer a Juana, del Archivo Municipal, la atenta e incondicional ayuda prestada, sin la que no hubiera sido posible la elaboración de este artículo, dada la desinformación generalizada que hay sobre el tema.
Yo sólo deseo que no nos pase como en esa Guerra Civil que tanto odiamos, y que seamos capaces de apreciar la cultura de verdad, dándole importancia a asuntos como este. Está en nuestras manos.

ECONOMÍA

La agricultura y la ganadería han supuesto la base de la economía y la principal fuente de ocupación de los habitantes de La Copa hasta bien entrado el siglo XX. Fue a principios de los años 60 cuando por iniciativa de una familia local se puso en marcha la que a la postre se convertiría en una importante empresa conservera que revolucionó la vida económica de la pedanía. Junto a esta industria que generaba la mayoría de empleo femenino, también existen varias empresas del sector de la construcción y anexas que han sido el motor de este rincón desde el cierre de la conservera en los años 90. El Pleno del Ayuntamiento de Bullas ha aprobó en 2011, por unanimidad un convenio urbanístico que permite recalificar los terrenos de la antigua fábrica de 'La Diosa', para uso residencial.La aprobación de dicho convenio permitirá la cesión de uso de las antiguas oficinas de la fábrica, previa reparación de la planta baja a cargo de la empresa de 150 metros cuadrados para ser utilizado por diferentes colectivos, como las hermandades de San Antón y La Purísima, la Comisión de las Fiestas Patronales, o las Comunidades de Regantes. Por otra parte, se ha previsto una zona de equipamiento colectivo de 1.365 metros cuadrados, que sustituirá al anterior, con la intención de cederse en parte a la Consejería de Sanidad para que se construya el futuro consultorio de La Copa, actualmente en un estado deficiente. Además, se demolerán las naves e instalaciones anexas, eliminando así la contaminación visual de los antiguos edificios semiderruidos, en estado de abandono, que se han convertido en foco de suciedad y causa de molestias para el vecindario. El convenio también contempla la incorporación de la rambla encauzada como elemento de unión y prolongación del actual parque y las zonas verdes del futuro residencial, embelleciendo y ampliando un espacio público que hoy está muy degradado.